miércoles, 12 de marzo de 2014

El «engaño» de ponerle nombre a un cráter de Marte

La Unión Astronómica Internacional ha denunciado públicamente la existencia de una iniciativa contraria a las normas para «bautizar» cráteres marcianos a cambio de unos 4 euros

El «engaño» de ponerle nombre a un cráter de Marte
IAU/M. KORNMESSER
Impresión artística de cráteres en Marte
Hay muchas formas de tirar el dinero y con toda seguridad esta no es una de las más caras, pero su inversión acabará perdida... en un agujero de Marte. La Unión Astronómica Internacional (IAU, por sus siglas en inglés), la organización encargada de «bautizar» oficialmente a los planetas y otros objetos celestes, ha denunciado públicamente la existencia de una iniciativa para ponerle nombre a cráteres marcianos a cambio de 5 dólares (algo más de 4 euros), que «va en contra de las normas internacionalmente reconocidas».
La compañía Uwingo, que se anuncia como una fundación destinada a la investigación científica, propone desde el pasado 26 de febrero a cualquiera que tenga una conexión a internet que ponga nombre a uno de los 500.000 cráteres marcianos que siguen sin recibir una denominación, como parte de un proyecto cartográfico. Bautizar los cráteres más pequeños cuesta algo más de 4 euros, aunque el precio sube a medida que aumenta el tamaño de la formación geológica. Los nombres, ya sean propios, de un equipo deportivo, de un artista o de un político, serán aceptados de inmediato y se mantendrán a no ser que sean considerados ofensivos o inadecuados. El dinero recaudado, que podría superar los 10 millones de dólares, será destinado a la financiación de la exploración espacial y a proyectos educativos y de investigación, según Uwingu.
Sin embargo, para la IAU, esta es una iniciativa que se aprovecha del interés del público en el espacio y la astronomía. La organización apunta que estos proyectos «van en contra del espíritu de acceso libre e igualitario al espacio, así como contra las normas internacionalmente reconocidas». Por lo tanto, «los nombres comprados nunca se pueden usar en los mapas oficiales». La IAU sí alienta a la gente a participar en el proceso de nombramiento de objetos espaciales con los métodos reconocidos oficialmente, que siempre son gratuitos.

Invitación pública

Los astrónomos se han puesto de acuerdo sobre las normas comunes para nombrar a los objetos o fenómenos espaciales, de manera que puedan ser fácilmente localizados y descritos. Por ejemplo, los accidentes geográficos de un planeta o satélite determinado reciben nombres escogidos de un tema en particular. Solo a los que se consideran de importancia para la ciencia se les da un nombre, dejando que otros sean designados por las generaciones futuras.
El público en general solo puede poner nombre a un accidente geográfico o a un objeto espacial a raíz de una invitación pública de una agencia espacial o de los propios descubridores. Por ejemplo, este fue el caso de la misión Magallanes de la NASA en Venus, iniciada en 1989, durante la cual se invitó a los ciudadanos a proponer nombres de mujeres famosas para designar distintos lugares. Lo mismo ocurrió con el nombramiento de los dos satélites descubiertos recientemente en Plutón, que fue el resultado de una votación pública. Pero para los cráteres de Marte, hoy por hoy, «solo sus descubridores, las agencias espaciales, pueden tomar la iniciativa de involucrar al público en el proceso de nombramiento, en cooperación con la IAU y siguiendo la normativa internacional».
En la actualidad, el Grupo de Trabajo de la IAU para Nomenclatura del Sistema Planetario (WGPSN), en representación de la comunidad astronómica mundial, ofrece un sistema único de los nombres oficiales de los objetos del Sistema Solar (accidentes geográficos de la superficie del planeta, satélites naturales, planetas enanos y los anillos planetarios). La nomenclatura aceptada puede verse en esta web. Los de Uwingu (significa «cielo» en swahili) ya saben que no tienen el beneplático de la IAU y no buscan su aprobación, ya que consideran sus nombres simplemente «populares». Serán los ciudadanos quienes decidan si merece la pena gastar su dinero en algo que quizás les haga ilusión, pero que nunca saldrá en un mapa de la NASA.