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domingo, 22 de abril de 2018

La cuarta dimensión, por primera vez en un laboratorio

 Investigadores han observado la «sombra» tridimensional de un suceso que teóricamente tiene lugar en una cuarta dimensión



Izquierda y derecha, delante y atrás y arriba y abajo. Esas son, más el tiempo, las dimensiones en las que se enmarca nuestra existencia, al igual que la de todo el Universo en que vivimos. Pero cada vez son más los científicos que piensan que el nuestro no es un mundo con solo tres dimensiones.
Las matemáticas, en efecto, abren la puerta a una realidad con muchas más dimensiones de las que nos son habituales. Hasta once diferentes, si hacemos caso de la teoría de Cuerdas...
Sin necesidad de llegar tan lejos, toda una corriente de la física se inclina decididamente por la existencia de una cuarta dimensión espacial. Una que, por supuesto, nuestros sentidos no pueden percibir, pero cuyos efectos podrían ser detectados incluso en nuestro universo tridimensional.
¿Como conseguir una proeza semejante? Dos equipos independientes de investigadores, uno en Suiza y otro en Estados Unidos, han hallado una solución al problema. Y han conseguido, cada uno por su lado, tener un atisbo de esa cuarta dimensión.

viernes, 20 de abril de 2018

Algoritmos capaces de soñar

Los científicos tratan de desentrañar el significado de los sueños gracias a las nuevas tecnologías


Nuevas tecnologías para desentrañar el significado de los sueños


La función y el significado de los sueños han sido siempre objeto de debate. Ahora la ciencia está más cerca que nunca de descifrar qué ven los humanos mientras duermen y cómo puede simularse esa visión en una máquina.

En 2013 el neurocientífico Yukiyasu Kamitani hizo que cientos de voluntarios echasen breves cabezadas en el interior de un equipo de re­sonancia magnética, de las que eran despertados repetidamente para que describiesen sus sueños

Kamitani ha­­bía conseguido aislar patrones cerebrales únicos correspondientes a determinados objetos que previamente había mostrado a los sujetos en estado de vigilia. Mientras estaban dormidos, el escáner buscaba esos patrones en su cerebro, y después un ordenador transformaba automáticamente los contenidos básicos de esos sueños en breves vídeos. El estudio desveló que coincidían en un 70 % con lo que los sujetos recordaban haber soñado.

Dos años más tarde unos ingenieros de Google también captaron las imágenes oníricas de un ordenador. Introdujeron millones de imágenes en un algoritmo informático inspirado en el cerebro –una red de neuronas artificiales– para estudiar cómo dicho algoritmo aprendía a identificar objetos. A continuación ejecutaron DeepDream, un programa de Google que permite a la red construir su propio paisaje onírico de base algorítmica mediante la identificación de formas en una imagen de ruido visual. El ordenador generó una escena psicodélica a partir del aprendizaje artificial. Como si de un sueño se tratase, las imágenes anteriormente vistas se reconfiguraron en nuevas disposiciones.

No podremos realizar grabaciones precisas de nuestras creaciones oníricas hasta que los científicos no descubran cómo surgen los sueños en el cerebro, dice Jack Ga­­llant, profesor de psicología de la Universidad de California en Berkeley, o hasta que con­sigan una enciclopedia de la actividad ce­­rebral correspondiente a cada pensamiento.






miércoles, 18 de abril de 2018

Los misterios de la Esfinge: ¿un fanático musulmán destruyó la nariz a finales de la Edad Media?




Napoleón contemplando la Gran Esfinge, semienterrada por las arenas del desierto. Óleo de Jean-Léon Gérôme
Napoleón contemplando la Gran Esfinge, semienterrada por las arenas del desierto. Óleo de Jean-Léon Gérôme - Wikimedia

El fundador del Museo Egipcio de El Cairo aseguró tiempo después que Napoleón había encontrado una puerta que permitía acceder al interior de la estructura
¿Fue un cañonazo ordenado por Napoleón el que destrozó la nariz de la Esfinge de Guiza, como reza una anécdota recurrente en las guías de viaje? No pudo ser así, ni tampoco pudieron ser soldados ingleses de la época colonial como otra hipótesis sugiere. Unos dibujos realizados en 1737 por el arquitecto danés Frederick Lewis Norden ya mostraban a una Esfinge carente de apéndice nasal. Antes de estas hipótesis, el historiador del siglo XV al-Maqrizi atribuía la desaparición a MuhammadSa'im al-Dahr, un fanático religioso Sufí, que, en 1378, al ver que los campesinos hacían ofrendas a la Esfinge para conseguir mejores cosechas, decidió dañar el monumento. Es la teoría más sólida pero, como en todo lo relacionado con esta enigmática construcción, también pertenece al terreno de lo incierto.
Todo en la Esfinge de Guiza irradia misterio. Su origen, los motivos de su construcción, su función e incluso su nombre. La voz «esfinge» procede del griego «sfigx», que significa estrangulador y se emplea para designar a un demonio de destrucción y mala suerte que la cultura helena representa como una criatura con cuerpo de león y alas de ave. La esfinge griega era la guardiana de la ciudad de Tebas, que solo dejaba pasar a los viajeros que acertaran a responder al enigma: «¿Qué criatura de una sola voz camina con cuatro piernas por la mañana, con dos al mediodía y con tres al anochecer, y es más débil cuantas más piernas tiene?». En caso de errar, la esfinge estrangulaba al viajero y se lo comía. No obstante, pese a la notoriedad de la versión helena, la figura de Guiza es muy anterior a estas creencias griegas y, más bien, es la que inspiró al resto de esfinges.

¿La cara del faraón Kefrén?

La Esfinge de Guiza se ubica cerca del Río Nilo, a pocos kilómetros de la que hoy es la capital egipcia, El Cairo. Su construcción se ha emplazado tradicionalmente bajo el periodo del faraón Kefrén (aproximadamente hace 4.500 años) quien habría colocado un centinela de caliza frente a su famosa pirámide en el valle de Jafra. Los arqueólogos, sin embargo, no han sido capaces de concluir quién fue exactamente su patrocinador y cómo fue su proceso de construcción. Su vinculación con Kefrén está basada en las similitudes de estilos arquitectónicos, pero no cuenta con respaldo documental de ningún tipo.



La Gran Esfinge, y restos de su templo. Detrás, la pirámide de Kefrén.
La Gran Esfinge, y restos de su templo. Detrás, la pirámide de Kefrén.

Su construcción no se menciona en los textos del Reino Antiguo y su existencia es omitida por el historiador griego Herodoto, que sí describe con detalle las características de las pirámides de Guiza, lo cual ha llevado a pensar que durante largos periodos de tiempo la Esfinge permaneció enterrada por completo en la arena. En tiempos del romano Plinio «El viejo» volvió a ser visible y éste recogió en sus textos que allí permanecía enterrado el Rey Harmais (u Horemheb). Se equivocaba. El autor romano, además, anota otra falsa creencia de la población local: el que la Esfinge había sido tallada y transportada luego hasta la meseta. La cercanía de una cantera con el mismo material empleado en su construcción descarta esta teoría.

martes, 17 de abril de 2018

La causa por la que somos rubios, morenos o pelirrojos

Nos guste o no, el color del cabello es una de esas herencias inevitables con las que venimos al mundo. Cierto que podemos cambiarlo a capricho a base de tintes, pero nuestras raíces no engañan. Que seamos rubios, morenos o pelirrojos está en nuestros genes. En concreto, en 124 que han podido ser identificados por un equipo de investigadores holandeses y británicos. Son tan importantes en la determinación de la pigmentación capilar que los científicos podrían predecir con precisión el color del pelo de un individuo solo con una muestra de su ADN. Para los autores del estudio, que publica «Nature Genetics», esto podría ser muy útil a la hora de estudiar los rasgos físicos de poblaciones antiguas o para ayudar a colorear el retrato robot de un criminal.
El color del cabello es provocado por un tipo de melanina. Los trabajos con gemelos muestran que la produccion y distribución de este pigmento tiene una naturaleza abrumadoramente herediaria, de forma que determina el 97% de la variación de color. Pero hasta ahora solo una docena de genes involucrados había sido descubierta.
Los investigadores analizaron los datos de ADN de casi 300.000 personas de ascendencia europea, suministrados por distintos biobancos. Además, esos individuos proporcionaron información sobre su color natural de pelo: negro, rubio, castaño oscuro, castaño claro o rojo.
Al comparar el color del pelo del grupo con su información genética, almacenada en varios millones de lugares en el genoma humano, el equipo identificó 124 genes implicados en el desarrollo del color del cabello, la gran mayoría desconocidos. Según los científicos, esta nueva información genética les permite predecir el color del cabello negro y rojo con gran precisión, mientras que predecir el rubio o castaño resulta algo más difícil. Esto podría tener aplicaciones forenses, como ayudar a encontrar al culpable de un crimen.

Más mujeres rubias

Curiosamente, los investigadores se han percatado de que hay más mujeres rubias que hombres rubios, lo que explican como una preferencia sexual y cultural. El dicho de que «ellos las prefieren rubias» puede ser verdad. «Nuestro trabajo nos ayuda a comprender qué causa la diversidad en la apariencia humana al mostrar cómo los genes implicados en la pigmentación se adaptan sutilmente a ambientes externos e incluso a interacciones sociales durante nuestra evolución», dice Tim Spector, del King's College de Londres y autor principal del trabajo.
Además, los investigadores creen que estos avances mejorarán la comprensión de enfermedades como el vitiligo o el melanoma, una forma agresiva de cáncer de piel. Los genes que afectan el color del cabello también influyen en otros tipos de cáncer, mientras que otros genes de pigmentos afectan a las posibilidades de tener enfermedad de Crohn y otras formas de enfermedad intestinal.